Aigues-Mortes: más que una ciudad fortificada / more than a fortified city

Mi día comenzó muy temprano, cuando desde Perols, la última estación de Tram en Montpellier, tomé una bicicleta y comencé a pedalear. Me tomó alrededor de una hora y media llegar a la Manade Jullian, mi primera parada en un sábado que estaba totalmente soleado. Mi decisión de ir en bicicleta fue gracias a que es poco el transporte público que conecta con la ciudad, era más complicado llegar de cualquier otra manera. Además, toda la vía hasta Aigues-Mortes está junto al mar, lo cual lo hace un paseo único.

Llegué unos minutos tarde a la Manade, donde debía estar a las 10:30 am,  y aunque hubo una confusión de fechas y pensaban que yo no iba ese día, no fue muy difícil que arreglaran todo para darme un paseo en carroza. Un poco luego de mi llegada, Pierre, quién fue el encargado de darme el tour, estaba junto a mí y nos fuimos a buscar el caballo que nos acompañaría en el paseo. Mientras caminábamos me contó de todos los años que tenía trabajando con manadas y de cómo hablaba mejor el dialecto de la zona que el francés.

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Los caballos blancos son típicos de la zona de Camargue

Durante aproximadamente una hora, duración del paseo, Pierre me detalló un poco sobre las tradiciones taurinas, de los “Courses Camarguaises” e incluso, intentó practicar conmigo algo de español, y de vez en cuando, corregía algunos de los mis inventos cuando pienso que digo algo bien en francés. La manada está a unos cinco minutos de Aigues-Mortes, a mano derecha, justo antes de llegar a un flamingo gigante en medio de la carretera. Cuando mi visita en la manada terminó, tomé de nuevo mi bicicleta y seguí hasta la ciudad amurallada donde seguiría mi día.

Y fue así como llegué a La Torre de Constance, uno de los monumentos más importantes de la ciudad y la entrada a las murallas que fortifican todo el lugar. Es la única parte que aún queda perfecta del castillo que fue construido bajo el mandato de Luis XI y su visita es una de las cosas por hacer en Aigues-Mortes. La edificación está conformada por la sala inferior, una galería corrida, la sala superior -que sirvió como prisión para los protestantes en el siglo XVIII- y la terraza, desde donde es posible tener unas hermosas vistas panorámicas de los alrededores.

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La Torre de Constance desde las murallas

Luego de la visita a la Torre de Constance encontrarán el camino que los lleva a recorrer la ciudad desde sus murallas. Son 1.640 metros de fortificaciones que se realizaron en dos etapas, finalizadas entre 1289 y 1300, y que todavía se conservan. Cada cara de las murallas tenía una utilización especial y a medida que las recorren se podrán encontrar con pequeños salones donde por medio de material interactivo se explica la historia del lugar. La visita dura alrededor de 1h15m y la entrada cuesta 8€.

Luego de una mañana llena de actividades era momento de una buena pausa y el restaurante “Des Voyageurs” fue el lugar perfecto. Está ubicado en la plaza central de la ciudad, entre unos cuantos más, pero lo encontrarán rápidamente, pues su nombre realza en lo alto de su pared de piedras, entre algunos pequeños toldos rojos. Allí tienen una sala central y mesas al aire libre, las preferidas cuando los días están soleados. Y es que no hay nada mejor que sentarse allí, en el medio de todo, junto a una copa de vino y un plato delicioso.

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La felicidad de comer al aire libre en los días soleados

Tienen un amplio menú, pasando por pescados, frutos de mar y diferentes tipos de carne. Además ofrecen varias especialidades locales donde destacan el “côte de boueuf roquefort”, los “tellines en persillade”, el “gardione de taureau” o el “steak de taureau”, entre otros. Pueden escoger un plato que cuesta entre los 14-20€ o elegir alguno de sus menús que oscilan entre los 19-27€ y se componen de 3-4 platos a su escogencia (normalmente, una entrada, primer plato y postre).

En mi caso, como yo quería probar cosas de la zona, escogí como entrada los “tellines en persillado”, que son almejas en una especie de salsa hecha con perejil, ajo, aceite y especias, que estaba muy rica. Y como plato principal, la “gardione de taureau”, carne de toro en una especie de salsa guisada y se sirve acompañada de arroz y vegetales. Para cerrar, aunque no es típica de la zona, una tartaleta de fresa.

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Camino a las Salinas te encuentras con esta vista

Reposé un par de minutos y de nuevo tomé mi bicicleta, para llegar hasta las famosas Salinas de Aigues-Mortes, que están a tan solo 1.5 kilómetros de la ciudad amurallada, en dirección hacia Grau du Roi. Me tomó menos de 15 minutos llegar hasta allí, donde justo a las 3:30 pm haría una excursión para conocer mejor las salinas y su historia.

Un tren, típico de las zonas turísticas en Francia, te lleva a recorrer las salinas durante aproximadamente una hora y cuarto. Lo primero que te impresiona, es el color rosado de las aguas, que te hacen preguntarte una y mil veces como puede ser tan increíble. Pero la impresión es aún mayor cuando desde lo lejos logras divisar la ciudad amurallada, que parece estar totalmente rodeada por las salinas. Durante el paseo, un simpático guía, te cuenta sobre la historia del lugar, sobre la producción de sal en la actualidad y te lleva a subir una de las montañas de sal desde donde puedes tener unas maravillosas panorámicas de toda la zona, sin duda, mi parte preferida del recorrido. Es desde allí que te das cuenta que la ciudad es mucho más que sus murallas, que hay que salir de allí para conocer cada rinconcito de sus alrededores.

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Hay que subir para descubrir la mejor vista
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Las Salinas con la ciudad amurallada de fondo

Coordenadas: la mejor manera de llegar hasta allá es sin duda alguna en carro particular, está ubicada a unos 45 minutos del centro de Montpellier y hay varios estacionamientos, incluso hay uno muy cerca de la ciudad amurallada que es totalmente gratuito. Lamentablemente el transporte público en la zona es muy poco. Es posible tomar el bus 106 desde Place de France en Montpellier, pero solo tiene un par de viajes al día – aquí pueden ver los horarios-.  No hay estación de tren y la única opción que tiene el SNCF es tomar un bus desde Nimes. Si están en Montpellier es necesario tomar el tren hasta Nimes y allí hacer el cambio, toma alrededor de dos horas y cuesta alrededor de 15€ el trayecto.

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Caminar por las murallas, ver la ciudad desde arriba

Gracias a la Oficina de Turismo de Aigues-Mortes por una visita increíble y por todo el apoyo durante su organización.

—English—

My day began very early, when from Perols, the last station of Tram in Montpellier, I took a bicycle and began to pedal. It took me about an hour and a half to get to the Manade Jullian, my first stop on a Saturday which was totally sunny. My decision to go cycling was because of the little public transport that connects with the city, it was more complicated to arrive in any other way. In addition, all the way to Aigues-Mortes is along the sea, which makes it a very nice ride.

I arrived a few minutes late to the Manade, where I had to be at 10:30 am, and although there was a confusion of dates and they thought that I was not going that day, it was not very difficult to arrange everything to give me a ride in carriage. Shortly after my arrival, Pierre, who was in charge of giving me the tour, was next to me and we went to look for the horse that would accompany us in the walk. As we walked, he told me about all the years he had been working with herds and how he spoke better the dialect of the area than French.

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The bulls are prepared at the Manade to be part of the “Courses Camarguaises”

For about an hour, the duration of the tour, Pierre detailed me a little about the bull traditions, the “Courses Camarguaises” and even tried to practice with me some Spanish, and from time to time, he corrected some of my inventions when I think I say something good in French. The Manade Jullian is about five minutes away from Aigues-Mortes, on the right, just before reaching a giant flamingo in the middle of the road. When my visit in the herd ended, I took my bicycle again and continued to the walled city where my day continued.

And so, I arrived at the Tower of Constance, one of the most important monuments of the city and the entrance to the walls that fortify the whole place. It is the only remaining part of the castle that was built under the command of Louis XI and its visit is one of the things to do in Aigues-Mortes. The building is made up of the lower room, a corridor gallery, the upper room – which served as a prison for the eighteenth-century Protestants – and the terrace, from where it is possible to have beautiful panoramic views of the surrounding area.

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View from the Tower of Constance

After the visit to the Tower of Constance you will find the way that takes you to walk around the city from its walls. They are 1,640 meters of fortifications that were realized in two stages, finalized between 1289 and 1300, and that are still conserved. Each face of the walls had a special use and as you go through, you will be able to find small rooms with interactive material that explains the history of the place. The visit takes around 1h15m and admission costs is € 8.

After a busy morning of activities it was time for a good break and the restaurant “Des Voyageurs” was the perfect place. It is located in the central square of the city, among a few more, but you will find it quickly, because its name emphasizes on the top of its stone wall, among some small red awnings. There they have a central hall and outdoor tables, preferred when the days are sunny. Because there is nothing better than sitting outside, in the middle of the square, next to a glass of wine and a delicious dish.

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The lovely streets of the town will surprise you

They have an extensive menu, ranging from fish, seafood and different types of meat. They also offer various local specialties, such as “côte de boueuf roquefort”, “tellines en persillade”, “gardione de taureau” or “taureau steak”, among others. You can choose a dish that costs between € 14-20 or choose one of their menus ranging from € 19-27 and that consist of 3-4 dishes at your choice (usually, an entrée, a main course and a dessert).

In my case, as I wanted to try typical plates of the area, I chose as a starter the “tellines in persillade”, clams in a nice sauce made with parsley, garlic, oil and spices. After, as a main dish, the “gardione de taureau”, bull meat in a kind of stewed sauce and served with rice and vegetables. And to finish the meal and although it was not typical of the area, I had a strawberry tartlet.

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Main square

I rested for a couple of minutes and I took my bicycle, to reach the famous Saline of Aigues-Mortes, which is only 1.5 kilometers from the walled city, towards Grau du Roi. It took me less than 15 minutes to get there, where right at 3:30 pm I would make an excursion to get to know the saline and its history.

A train, typical of tourist areas in France, takes you around the saline for about an hour. The first thing that strikes you is the pink color of the waters, which makes you wonder a thousand times if it is real. But the impression is even greater when from the distance you can see the walled city, which seems to be completely surrounded by the salt flats. During the tour, a nice guide tells you about the history of the place, about the production of salt today and takes you to climb one of the salt mountains from where you can have wonderful panoramas of the whole area, actually my favorite part of the tour. It is from there that you realize that the city is much more than its walls, that it is necessary to go around and discover every corner of its surroundings.

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the touristic train of the Saline
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Mountains of salt with the walled city as background

Coordinates: The best way to get there is without doubt by car, is located about 45 minutes from the center of Montpellier and there are several parking lots, there is even one very close to the walled city which is totally free. Unfortunately, the public transport in the area is very little. It is possible to take the bus 106 from Place de France in Montpellier, but only have a couple of trips a day –here you can see the schedules-. There is no train station and the only option the SNCF has is to take a bus from Nimes. If you are in Montpellier it is necessary to take the train to Nimes and there make the change, it takes about two hours and costs about € 15 each way.

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A medieval city that will transport you to other times

Thanks to the Tourist Office of Aigues-Mortes for an incredible visit and for all the support during its organization.

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