Sucre: 12 paradas en 3 días

Hay viajes que se planean tanto que a veces no suceden. Hay viajes que se olvidan. Hay otros en los que nunca pensamos y, de pronto, suceden. Hay unos, como este, que se sueñan, que se hablan, que se imaginan, pero no se delimitan. Viajes que solo dejas que sucedan.

Sucre era nuestra asignatura pendiente. Paria nos llamaba como quien llama a un amigo para que pase a visitarlo. Desde que comenzó el año ya le habíamos puesto fecha a esa visita, ya sabíamos qué días dedicaríamos a saludar ese verde que solo la Península me ha mostrado de manera tan increíble. Junio sería el mes, sí, junio, pero no sabíamos nada más.

Cuando junio llegó solo sabíamos que moríamos por estar ya allí, pero eso era todo. Al principio, solo viajaríamos tres amigos, pero un cuarto se sumó al plan a último momento. También iríamos diez días, pero el tiempo de cada uno era menos y los redujimos a cinco. El viaje comenzó un miércoles a media mañana. No había plan, yo no conocía la vía, no sabíamos cuánto nos tomaría llegar, pero íbamos preparados con música para más horas de las que podríamos pensar.

‹•Día de ida•›

Ya olvidé cuantos kilómetros manejé ese día -sí, yo manejo mientras mis amigos se ocupan de hablar, de cantar, de mantenerme despierta durante todo el camino-. Quizás unos 500 o 600, aunque según los carteles, Río Caribe está a 585 km justos desde Caracas. Lo que sí sé es que pasaron más de 10 horas que se resumieron en risas, canciones y fotos. Desde Caracas hasta Puerto La Cruz llovió muchísimo. La vía desde allí hasta Cumaná es resbaladiza y de muchas curvas, hay que ir despacio y más si llueve, como nos pasó a nosotros – en algún momento incluso los frenos intentaron calentarse-. En todo el camino conseguimos incontables alcabalas, de hecho, en una nos detuvieron alrededor de una hora, buscando no sé qué. Por eso, creo que es difícil saber cuál será el tiempo exacto de esta ruta, pero creo que al menos unas ocho horas son necesarias. Era mi primera vez en la carretera de Oriente y creo que el preciso momento en que comencé a bordearla se convirtió en una de mis preferidas. Qué felicidad manejar pegadita al mar, viendo cambiar los tonos del color del agua, disfrutando del atardecer al final del camino. Cuando llegamos a Río Caribe ya era de noche, estábamos cansados, pero al menos entre nuestro mínimo de planes ya teníamos reservada una posada para las tres noches que estaríamos allí. Dónde por cierto, los mosquitos nos dieron la bienvenida –no dejen nunca su repelente si van a Paria en época de lluvia-. Pero no importó, sabíamos que al siguiente día tendríamos mucho por descubrir.

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Así empezó el viaje, el algún restaurante en el medio de la vía hacía Cúmana
‹•Día #1•›

Nunca fijamos un plan en específico, no establecimos tiempos, ni horas ni lugares. Marcamos sitios que nos interesaban, playas que queríamos conocer y cosas que debíamos comer, pero eso fue todo. Ese día decidimos hacer la ruta por Playa Nivaldito, Playa Medina y Playa Pui Puy, empezando por Nivaldito, que era la primera, pero en pleno camino pasamos la entrada y seguimos hasta Pui Puy, que era la más lejana, así que iríamos de atrás hacia adelante.

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Mosaíco “Jardín de Calas” de Patricia Van Dalen

Comenzamos la mañana en el mercado de Río Caribe –donde intentamos comer empanadas que casi no existían- y conocimos el mosaico de Patricia Van Dalen, “Jardín de Calas”, ubicado en la plaza de usos múltiples del pueblo, justo frente al mercado. Desde allí arrancamos en busca de mar. Casi luego de una hora y media llegamos a Pui Puy. El asfaltado de la carretera principal está en buenas condiciones pero una vez que llegas a la intersección para tomar la carretera final encuentras un camino lleno de baches y huecos, es necesario ir despacio y con mucho cuidado. Una vez en Pui Puy vale la pena caminar hacia el final de la playa, justo donde empiezan las casas. Allí en esa esquina se forma una piscina color verde esmeralda que se une con el verde de las hojas que cubren la montaña. Pareciera que la selva se fundiera con el mar.

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Pui Puy es una de las playas más conocidas en la Península de Paría

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Allí, al final de la playa, se forma una piscina color esmeralda

Dejamos pasar un par de horas y decidimos volver a la intersección que ahora nos llevaría hasta Playa Medina. Desde ese punto quizás se recorren unos diez minutos hasta encontrar el mar, incluso un poco menos. Desde la montaña se ven las palmeras que llenan toda la orilla de la playa. Una vez en Playa Medina nos dimos cuenta de que es un poco más comercial, hay varios kioscos de comida y personas alquilando sillas y toldos, el silencio al parecer se quedó en Pui Puy. Pero era necesario encontrar algo más que arena y mar. Allí en uno de sus restaurantes, nos comimos un pescado frito por tan solo Bs.1000 (junio 2016), decidimos compartirlo en parejas y luego nos arrepentimos. Lo rico de Playa Medina es que tiene su propia posada, varias cabañas conforman un pequeño espacio que ese día estaba sin huéspedes.

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La felicidad es caminar Playa Medina de punta a punta entre las palmeras y el mar

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¿A dónde nos iríamos si nos prestaran ese peñerito?

Poco después de nuestro almuerzo decidimos que era hora de seguir. De regreso paramos en Chacaracual, un pequeño pueblo en plena vía que está lleno de murales de colores. Nos dijeron que en ese lugar encontraríamos quizás “Guarapita de Cacao” pero nuestro intento fue fallido –aún así hay una pequeña tienda que vende chocolates y otros postres con cacao de la zona-. Así que decidimos seguir, al menos allí nos mostraron un mapa para que no perdiéramos de nuevo la entrada hacia Playa Nivaldito. Poco después estábamos en la intersección hacia Playa Chaguarama y unos kilómetros más tarde nos encontramos con un nuevo cruce que hay que tomar a mano derecha hasta llegar a Parque Nivaldito.

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Parecía lejos pero solo toma 20 minutos llegar hasta Playa Nivaldito

Allí se estaciona el carro y desde ese punto se camina durante unos 20 minutos por un sendero de montaña que lleva hasta Playa Nivaldito. Es una de las caminatas que valen la pena hacer –así sea peleando con los mosquitos-. Desde allí también pueden conocer Playa de Uva –parte del complejo vacacional, por lo cual tiene un costo de entrada-. El día terminó en la único restaurante del pueblo abierto un jueves por la noche, una pizzería que tenía punto de venta y wifi, el nombre no lo recuerdo pero no debe ser difícil encontrarla.

‹•Día #2•›

Ya sabíamos que en el mercado no habían empanadas así que decidimos irnos directo al mar –pero en el camino, obviamente, compramos empanadas-. Nuestro destino final era San Juan de las Galdonas –aún cuando nos habían dicho que no era un lugar seguro-. Ese día el camino se hizo más largo de lo normal, desde la montaña veíamos la costa pero parecía que nunca llegábamos a ella. Hasta que por fin nos cruzamos con la entrada a Cangua, a la que no pudimos llegar porque el camino no está asfaltado, así que solo la disfrutamos desde lejos.

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Esas ganas de volver y visitar Playa Cangua

Pero minutos después llegamos a Querepare, que es una playa protegida por ser una zona de desove de tortugas. Es una playa tranquila y algo solitaria, tanto que nos dio un poco de miedo quedarnos, así que solo dimos una vuelta y seguimos. Desde allí buscamos alguna playa en la que nos pudiésemos quedar.

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Yo quiero una casita entre palmeras para mí como esa en Playa Querepare

Llegamos a San Juan de las Galdonas, que estaba tan solitario como Querepare. Pasamos por una playa que algunos locales dijeron se llamaba Barlovento. Y seguimos hasta la playa del pueblo –antes de cruzar, en una casita, nos comimos unos helados de coco que estaban buenísimos-. Desde allí se veían muchas palmeras a lo lejos y una roca que dividia la playa, unos niños que estaban cerca nos dijeron que detrás de esa pequeña montaña estaba playa Tucuchire.

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En San Juan solo se veía uno que otro pescador que caminaba por la playa

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Vamos a ver qué es lo que hay detrás de la montaña

Decidimos movernos en carro lo más cerca posible y allí nos estacionamos y nos dividimos en parejas, unos fuimos primero a descubrir la playa del otro lado de la montaña y los otros se quedaron en la playa de San Juan y luego cambiamos de lugar. La playa de Tucuchire es tranquila, con pocos turistas, frecuentada mayormente por los locales. Está llena de mejillones, así que habían muchas personas recolectándolos e incluso haciendo sancocho. Ya llegaba la tarde y decidimos regresar en busca de comida –que no conseguimos nunca porque todo estaba cerrado-.

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Tucuchire tiene un encanto que aún no se describir

Terminamos el día en Playa Los Cocos buscando el pescado frito que nunca apareció pero felices por estar de nuevo en el agua, que no pasaba de nuestras rodillas aún cuando ya habíamos caminado mucho. Antes de seguir buscando algo que comer, nos sentamos a ver el atardecer desde el malecón de Río Caribe. Esa noche visitamos de nuevo la pizzería, parecía ser lo único que estaba abierto en toda la zona.

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A veces uno no quiere que el día termine pero aparecen atardecer así y ya no importa
‹•Día #3•›

Decidimos hacer el regreso en dos partes para que el viaje no fuese tan largo. De vuelta a Caracas las opciones eran dos: desviarnos hacía la Península de Araya y pasar allí el día o visitar las aguas de Moisés, que no estaban muy lejos de la vía. Nuestra elección fue la segunda. Salimos muy temprano de Río Caribe y paramos a desayunar en el mercado de Carúpano –aún me arrepiento de no haberme comido una empanada de Mejillones, si ustedes van no lo dejen de hacer- y de allí seguimos la ruta.

Una media hora más tarde estábamos en la intersección Cariaco – Casanay desde donde hay que rodar unos 20 minutos más llegar hasta las aguas. En el complejo hay doce pozos de un color turquesa que parece de mentira, son de piso de arcilla y agua de manantial, incluso es posible darse baños de azufre y se dice que tienen propiedades curativas.

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Isla Palma Sola – Aguas de Moisés

Es tanta la belleza de las piscinas que uno se pregunta una y otra vez si es posible que exista algo tan único pero lo lamentable es que en general el complejo que alberga estos pozos está casi que abandonado, las instalaciones están deterioradas y no hay ningún tipo de guía para recorrer el lugar. Valdría la pena que un lugar tan increíble estuviese mucho más cuidado.

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¿De dónde sale ese azul?

A eso de mediodía comenzó a llover y por eso decidimos seguir nuestro camino. Sabíamos que de regreso queríamos terminar nuestro día en la playa, ¿dónde? no teníamos ni la menor idea. En la vía paramos en San Antonio del Golfo y comimos el pescado frito que el día anterior no conseguimos por ningún lado. Seguimos la ruta y de cada tanto en tanto nos estacionábamos para fotografiar algún lugar que llamaba nuestra atención, queríamos quedarnos en todos pero era imposible.

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Lugares como este que algunos dicen se llama “Playa La Bruja”

Luego de un par de horas llegamos al pueblo de Santa Fe, dimos una vuelta por su playa y decidimos que aún ese no era el lugar para quedarnos. Volvimos al carro y poco después estábamos en Playa Colorada, en el Parque Nacional Mochima. Allí sus aguas tranquilas y tibias hicieron que no nos quisiéramos mover por un rato largo, casi hasta el final del día.

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Playa Colorada – Parque Nacional Mochima

Y aunque no lo queríamos, era hora de dejar Sucre. Esa noche dormiríamos en Puerto La Cruz para al día siguiente seguir a Caracas. Terminamos ese sabádo en el Paseo Colón, de nuevo frente al mar, viendo la tarde caer.

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Quedarse allí, no pensar en nada más
‹•Día de regreso•›

Ya no estábamos en Sucre y teníamos esa tristeza inevitable que llega cuando un viaje se va a acabar. Porque uno quiere seguir, uno no quiere regresar. Por eso en nuestro intento de que no acabara, ese día temprano intentamos visitar las isletas de Puerto Píritu, pero ningún lanchero quiso llevarnos porque no habían suficientes turistas. Entonces continuamos, preguntando a amigos por alguna playa cercana. “¿Y si vamos a Boca de Uchire?”, pensamos, pero luego lo dejamos ir. Y así continuamos el camino, buscando opciones en el mapa, queríamos más mar, no queríamos llegar a Caracas. Y de pronto, terminamos en Playa Chirimena, en Higuerote, aún no sabemos como llegamos allí, pero así son nuestros viajes, sin un itinerario fijo. Al final volvimos al mar, no importó donde, eso era solo una excusa para no llegar a la ciudad.

‹•Sucre en resumen•›

Recorrimos casi 2000 km y 3 estados en 5 días; manejé más de 12 horas para llegar hasta Río Caribe; escuchamos más de 300 canciones –los discos de Voz Veis unas 5 veces e hicimos de “Canto a Colombia” de Juan Luis Guerra nuestro himno, debe ser porque hay que ir al país vecino pronto-; nos comimos alrededor de 15 empanadas -cada uno-; probamos el licor de cacao hecho en Paria; visitamos 11 playas (Pui Puy, Medina, Nivaldito, Playa de Uva, Querepare, San Juan de las Galdonas, Tucuchire, Playa Los Cocos, la playa de Santa Fe y Playa Colorada) -también las Aguas de Moisés-; conocimos 2 mercados diferentes; tomamos más de 1000 fotos; los mosquitos quisieron acabar con nosotros y los vencimos; compramos Naiboa en la carretera -también arepas de maíz pilado-; la Guardia Nacional intentó “matraquearnos” pero se rindieron; Chiremena fue nuestro +1 para que en total fuesen 12 playas visitadas.

Por cierto, nos hospedamos en la posada “Ruta del Cacao” en la vía de Río Caribe a Playa Medina. Son unas cabañas sencillas pero súper limpias y con todo lo necesario, pueden reservar al 0416-8943171.

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Este es mi #team viajero preferido
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2 comentarios en “Sucre: 12 paradas en 3 días

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