Mi primera vez en un hostal / My first time in a hostel

Hostel
Iba a viajar a Cartagena en compañía de una amiga, pero pocos días antes del viaje me dijo que no podía ir. Me tocaba irme sola y además, ya no tendría compañera de cuarto para dividir los gastos de un hotel que, normalmente, no es muy económico si viajas en solitario.

Ante esta situación, comencé a pensar en la idea de quedarme en un hostal. Nunca lo había hecho, pero pensaba que ahorraría unos cuantos dólares y que, además, existiría la posibilidad de encontrar a otros viajeros para conocer la ciudad, y creo que la segunda idea era la que más me llamaba la atención. Como no estaba segura, recurrí a Adriana, una viajera incansable con quien no solo comparto mi pasión por viajar sino una muy buena amistad. Estaba segura me podría ayudar con mis dudas sobre si quedarme sola en un hostal era lo más correcto.

Ella al instante me dijo que sí, que no tendría ningún problema en quedarme sola, que olvidara los miedos y que me preparara a vivir una experiencia diferente. Incluso se ofreció a ayudarme a escoger un buen hostal, pues ella como buena viajera ya tiene sus claves para revisar con lupa cual será la mejor opción. Y así fue, esa misma noche me hizo un montón de preguntas y se encargó de buscar el hostal correcto para mí.

Aun así, yo no terminaba de estar segura. Mantuve mis dos reservas en Booking (un hotel y un hostal) hasta el último minuto, aunque finalmente me decidí por el segundo pero no muy convencida. El día del viaje tenía ansias y dolor de estómago, y no era por viajar, sino por no saber con qué me encontraría en el hostal.

Una vez en Cartagena tomé un taxi desde el aeropuerto. Cuando el taxista me dejó frente a la puerta todo mi miedo empeoró. Antes de bajarme me dijo: “Niña, ¿usted está segura de que se quiere quedar acá? Este sitio no es para usted, no parece mochilera y no creo que sea adecuado que una mujer sola se quede en lugares como este”. En ese momento creo que entré en pánico, eran las nueve de la noche, estaba sola en Cartagena y mi reserva de hotel ya no existía. No tenía otra opción que quedarme allí.

Entré al hostal como quién entra a una dimensión desconocida, creo que los peores pensamientos pasaron en ese momento por mi cabeza. Por consejo del taxista, no pagué todas las noches de mi estadía sino solamente dos, así tendría chance al día siguiente de buscar algo mejor. Luego de chequearme entré a la habitación que era para seis personas, pero que en ese momento estaba completamente sola. Lo primero que hice fue cargar mi celular y escribirle a Adriana, quien monitoreó toda mi estancia en el hostal. Cuando entró la primera persona en el cuarto, de mi boca solo salió un pequeño “hi” que entre el susto y la pena creo que no se escuchó muy bien. Yo tomé un baño y me fui directo a mi cama.

Esa noche no logré dormir. Pasé todo el rato pensando como estaría allí una semana con gente desconocida, en un mismo cuarto, con un mismo baño. Para completar, esa noche no encendieron el aire ¡y en Cartagena el calor ahoga a cualquiera! Sentía que me derretía.

A la mañana siguiente salí decidida a buscar un hotel, no me importaba lo que costara, no resistiría el hostal. Por mensajes, Adriana me decía que pensara en el dinero que me ahorraría y yo solo estaba preocupada porque pensaba que no era lo “suficientemente aventurera” como para quedarme en un hostal. Mi alma viajera se sentiría decepcionada si no superaba la prueba.

Luego de pasar todo el día buscando opciones solo encontré una que tenía disponibilidad para mis últimas cuatro noches en la ciudad, eso quería decir que aún tenía dos más en el hostal. No era perfecto, pero no era grave. Al menos no serían tantos días.

Al volver al hostal lo que menos quería era entrar a la habitación, era extraño sentirme algo fuera de lugar. Me senté en una de las sillas alrededor de la piscina con mi celular, pensando en que solo me quedaban dos noches allí. En eso, una de las muchachas con la que compartía habitación y que estaba también en la piscina,  me comenzó a hablar y preguntar muchas cosas. Me contó que era de Alemania y que además de encontrarse en Cartagena por vacaciones estaba estudiando español en una “escuela para gringos”, así le dicen en la ciudad. Me preguntó que si la podía ayudar con algunas dudas y yo, por supuesto, comencé a explicarle unas cuantas cosas.

Entre tanto hablar me invitó a comer con sus amigos de clases, quienes se reunían cada noche en la plaza de Getsemaní para luego cenar. Yo como estaba sola y sin plan, pues no le vi nada de malo. Justo cuando estábamos dispuestas a cambiarnos para salir nos dimos cuenta de que no habíamos dicho nuestros nombres y habíamos hablado unas dos horas seguidas. Ella entre risas me preguntó el mío y cuando respondí “Silvia”, su cara fue de impresión: por casualidades de la vida, ella también tenía el mismo nombre.

Esa noche salí a comer con ella y sus amigos, conocí a varias personas de todo el mundo que estaban allí para descubrir cosas nuevas y aprender español; diferentes edades, diferentes formas de comunicarse y al final, todos en una misma mesa.

Mi vuelta al hostal fue mucho más amena, ya no me sentía tan incómoda ni tan perdida, ya al menos conocía a alguien. Esa noche había personas nuevas en la habitación y cada noche fue así; pienso que en una semana pasaron unas 10 personas diferentes por allí. Los días siguientes se fueron en un abrir y cerrar de ojos, era poco el tiempo que pasaba en el hostal y muchas las personas nuevas que llegaban para conocer. Además de Silvia, casi en los últimos días llegó Lia, una española simpatiquísima, con toda la pinta de gringa pero con un acento argentino heredado de sus padres, que era toda una dulzura y con quien recorrí la ciudad de lo más contenta. Luego de todo decidí no cambiarme de sitio, solo la última noche pues ya la había dejado paga como reserva del hotel que salí a buscar desesperada.

Con el pasar de los días descubrí que lo que menos hacía era estar en el hostal. Salía muy temprano en la mañana y llegaba muy tarde en la noche. Compartir una habitación con otras personas desconocidas al principio fue extraño, pero cuando descubres que todos están allí por las mismas razones que tú deja de serlo. Compartir el baño quizás no es lo más idóneo, pero en el hostal se encargan de mantenerlo limpio todo el tiempo y, normalmente, la gente lo usa lo más rápido posible para no hacerte esperar.

Al final mis miedos se acabaron y eso fue la clave de todo: dejar que el miedo se vaya. En ese momento dejé de pensar en si habría gente que podría hacerme daño o robarme, de si serían capaces de tomar mis cosas o si simplemente me encontraría con algo desagradable. Cuando el viaje acabó, descubrí que hay un montón de personas que como yo quieren salir a ver el mundo, a disfrutar de las cosas buenas de la vida y que también quieren conocer a otras personas, gente que te llena de historias, que tienen cosas que contar y que terminan enseñándote algo nuevo. Mi estancia en el hostal no solo me ahorró dinero y me consiguió nuevos amigos, sino que acabó con muchos de mis prejuicios. Ahora no solo descubrí que sí, que puedo quedarme sola en un hostal sin miedo, sino que además tengo nuevos amigos e incluso nuevos sitios donde tendré un lugar para quedarme.

Ahora, así como Adri me recomendó que me aventurara a vivir la experiencia yo lo recomendaría una y mil veces porque lo aprendido en este viaje fue simplemente maravilloso. No puedo decir que soy una experta en hostales pero sí puedo decir que las historias que encontré allí cambiaron mi manera de pensar hacia muchas cosas y por eso sé que lo volvería a hacer.

Si viajan a Cartagena y están buscando un hostal, Casa Escallon fue mi elección y no tengo nada de que quejarme. Las habitaciones y los baños están siempre limpios, el personal del hotel es muy atento, está ubicado cerca de la Torre del Reloj y puedes moverte con facilidad. Allí te ayudan a organizar varios tours a las islas y además tiene una piscina que está genial y una terraza perfecta para tomar el sol, leer o simplemente relajarte. Para ser mi primera vez en un hostal, creo que definitivamente este fue el sitio perfecto.

—English—

I was traveling to Cartagena with a friend, but a few days before de trip she told me that she could not go. I had to travel on my own and on top, I wouldn’t have a roommate to split the cost of the hotel which, normally, is not cheap if you travel alone.

In this situation, I started to think about the idea of staying in a hostel. I had never done it yet but I thought I would save some dollars and also that I could have the opportunity to meet other travelers to go around the city, and actually this idea was the one that really made me think about the hostel. As I was not sure, I asked Adriana, a tireless traveler with who I do not only share my passion for travel but a nice friendship. I was sure that she could help me with all the doubts whether to stay alone in a hostel was the right thing.

Right away she told me “Yes!” and added that I would not have a problem staying alone in a hostel, that I should forget my fears and get ready to live a new experience. In fact, she offered to help me find a good hostel, since as a good traveler she has some keys to check very closely which one is going to be the best option. And so it was, that night she asked me a lot of questions about my trip and what I wanted and she found the best place for me.

Still, I wasn’t totally sure. I kept my two reservations on Booking (a hotel and a hostel) until last minute and even though finally I decided to go for the second option, I was not really convinced. When the day of the trip arrived I was anxious and had stomachache, and I knew it wasn’t about traveling, but for not knowing what I was going to find at that hostel.

Once in Cartagena I took a taxi at the airport. When the taxi driver dropped me at the door, all my fears worsened. Before getting off the cab he told me: “Girl, are you sure you want to stay here? This site is not for you, you don’t seem like a backpacker and I don’t think is it appropriate for an lonely girl to stay in places like this”. At that moment I think I panicked. It was nine o’clock in the evening, I was alone in Cartagena and my hotel reservation did not exist anymore. I had no other option but to stay there.

I entered to the hostel waiting something bad to happen; I think the worse thoughts passed through my mind. Hearing the taxi driver advice, I didn’t pay all the nights of my stay but only two, that way I would have a chance to find something better the next day. After checking in, I went to the room which was for six persons but was alone at that moment. The first thing I did was to charge my phone and write to Adriana, whom monitored all my stay at the hostel. When the first person entered the room, I whispered a little “hi”, between fears and shyness, that I think the guy didn’t even hear. I took a shower and went straight to bed.

That night I didn’t sleep. I spent the whole time thinking how I would stay there a week with people that I didn’t know, in the same room, with a shared bathroom. I was not used to it. And to make it worse, that night they did not turn on the air conditioner. And in Cartagena that hot makes anyone feel suffocated! I felt I was melting.

The next day I went out decided to find a hotel, I didn’t care how much it was going to cost, I couldn’t resist the time at the hostel. By phone, Adriana was telling me to think about the money I would save and I was only worried about the fact of not being “adventurous enough” to stay at the hostel. My traveler soul would be disappointed if I did not overcome the experience.

After spending all day looking for a new place to stay, I only found one place that had availability for my last four nights in the city, that meant that I had to stay two more nights at the hostel. It wasn’t perfect but not serious. At least it wouldn’t be so many days.

When I went back to the hostel, the less I wanted was to be at the room, it was very weird to feel out of place. I sat on one of the chairs by the pool with my phone, thinking that I only had to spend to more nights there. At that moment, one of the girls that shared the room with me and that was also at the swimming pool, started talking to me and asked me a few things. She told me that she was from Germany and that besides being at Cartagena for holidays she was also learning Spanish in a school at Getsemaní. She asked me if I could help her with some doubts for her homework and of course I did.

After a while talking she invited me to have dinner with her school mates, who gathered every night at Plaza de la Trinidad at Getsenamí to go somewhere to eat. As I was alone and with no plan I decided to go. Just as we were ready to go and have change to go out, we realized that we had not told our names after talking for about two hours. She laughingly asked me mine and when I answered “Silvia” her face turned in surprised: by coincidences of life, she also had the same name.

That night I went out to have dinner with Silvia and her friends. I met many persons from all over the world that were there to discover new things and learn Spanish; all ages, different ways to communicate and at the end, all at the same table.

Back at the hostel I felt a little better, I was not so uncomfortable and lost and at least I knew someone. That night there were new people at the room and each night was like that; I think about 10 persons passed for the room in that week. The next days passed so fast, I was not much at the hostel and there were many new people to know. Besides Silvia, almost in the last days of my stay arrived Lia, a nice Spanish girl that looked like a total “gringa” but with an Argentine accent inherited from her parents. She was really sweet and I went around the city with her. After all I decided not moving from the hostel, just the last night because I had already paid it in advance to reserve the room at the hotel I found in my despair.

Then I discovered that the last thing I was doing was spending time at the hostel. I used to go out early in the morning and arrive late at night. Share the room with strange people was weird at the beginning, but when you discover that they are there for the same reasons that you, it starts to be different. Share the bathroom may not be perfect but at the hostel they are really careful and keep it clean all the time, and normally people use it as quick as possible so you don’t have to wait much.

In the end all my fears went away and that was the key to everything: let the fears go.  At that point, I stopped thinking about whether there would be people who could hurt me or rob me, whether they would be able to take my things or if I just would find something unpleasant. When the trip ended, I discovered that there are plenty of people like me that want to go out and see the world, to enjoy the good things in life and who also want to meet other people, people that fills you with stories, with things to tell and that teach you something new. My stay at the hostel not only saved me money and gave me some new friends, but finished with many of my prejudices. Now I not only discovered that yes, I can be alone in a hostel without fear, but I also have new friends and even new places where I will have a house to stay.

Now, as Adri recommended me to adventure and live the experience, I would recommend it a thousand times because what I learned on this trip was just wonderful. I can not say I’m an expert in hostels but I can say that the stories I found there changed my mind about many things and I know that I would do it again.

If you are traveling to Cartagena and are looking for a hostal, Casa Escallon was my choice and I have nothing to complain about. The rooms and bathrooms are always clean, the staff is very nice, is located near the Clock Tower and you can move easily. There, they help you organize various tours to the islands and also has a pool which is great and a terrace perfect for sunbathing, reading or just relax. For my first time in a hostel, I definitely think this was the perfect place.

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2 comentarios en “Mi primera vez en un hostal / My first time in a hostel

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